26-05-2026, 07:27 PM
Rudolf Otto (no se si tengo permitido tomarlo de referencia porque este teologo, pero usted me dira) define lo sagrado como: una categoría explicativa utilizada para intentar comprender una vivencia que se ha tornado paradójica, supraracional e inefable debido a que contiene un excedente de significación que sale de lo ordinario. Y ese vivenciar el excedente de significación es una experiencia originaria del hombre la cual se vive directamente, en carne propia, “en el despertar personal y de viva voz”. Para Otto no es posible enseñarla o transmitirla como conocimiento, por medio de la palabra, sino únicamente puede ser sugerida a través de representaciones o por la estimulación del sentimiento puesto que ese excedente de significación que se vivencia es un sentimiento o modo de encontrarse que el autor llama ‘numinoso’: el sentimiento de sí propio como un ser creado y dependiente de algo que es Otro. Y eso ‘Otro’ no es el cosmos finito, sino estar en el límite donde se esboza algo infinito que es misterio. Esto puede enlazarse con Eliade que menciona que: lo sagrado no puede tratarse de irrealidad, ni de una alucinación, ni mucho menos reducirle al uso de alguna sustancia; más bien,el principio de lo sagrado es la realidad misma y esta, a su vez, es estructura de la consciencia entonces lo sagrado implica una consciencia profunda de la realidad.
En la línea de lo mencionado anteriormente, existen sustancias capaces de alterar el régimen sensorial de tal modo que pueden favorecer una metanoia, es decir, una transformación interior del ánimo y de la manera de estar en el mundo, motivo por el cual han sido históricamente vinculadas al contacto con lo sagrado. A partir de este precepto Wasson y diversos investigadores de estas sustancias establecen el neologismo de "Enteógeno" (trascendente o beatífico estado de comunión con las deidades) en (dentro), theos (Dios), genos (sustancia). Este es el caracter que siento que le corresponden por eso hablo de "re-sacralización".
No digo con esto que toda experiencia enteogénica sea automáticamente sagrada, terapéutica o verdadera, ni que la experiencia individual pruebe doctrinas. Tampoco niego riesgos o experiencias negativas. Mi punto es más acotado: que reducir el fenómeno únicamente a un "flash irreal" me parece insuficiente frente al enorme cuerpo antropológico, histórico, filosófico y cientifico que existe sobre el tema.
Y leyendo cosas como: “esto no es mi juicio moral ni ‘mi verdad’: es lo que se conoce sobre cómo estas sustancias modifican la percepción”, o remarcar reiteradamente qué cosas son “reales” y cuáles no, me da la impresión de que estás dando por hecho que en el campo científico o psicológico todas estas cuestiones ya se encuentran plenamente estudiadas y resueltas, pero eso simplemente no es así. A mí me fascina la ciencia, pero los problemas que enfrenta para explicar muchos aspectos del fenómeno de la consciencia son cada vez mayores. Preguntarse qué es “real” es una pregunta filosófica básica, y uno de los supuestos presentes en gran parte de estas interpretaciones es el llamado “realismo ingenuo”: creer que aquello que tocamos o vemos constituye la totalidad de lo real. Sin embargo, lo que vemos son finalmente partículas u ondas de energía electromagnética que estimulan reacciones químicas en los conos y bastones de nuestra retina, solo percibimos una parte limitada de la materia allí donde la luz se refleja, mientras gran parte de la realidad permanece fuera de nuestro acceso perceptivo. De igual forma, nunca tocamos físicamente los objetos en un sentido estricto; cuando sentimos que tocamos algo, esa sensación está mediada por fuerzas repelentes entre los átomos de nuestra piel y los de aquello que tocamos. Ni hablar de que los propios átomos son, en su mayor parte, espacio vacío y, sin embargo, tendemos a vivir nuestra experiencia consciente de vigilia como si fuese la realidad última. Mi punto con esto es marcarte que cualquier percepción que creemos tener de la “realidad” está mediada. Tomo aquí ideas provenientes de Pribram y Bohm y sus modelos holográficos, según los cuales existiría un nivel más profundo de información del cual emerge aquello que luego adquiere estatuto de realidad consensual al poseer masa, volumen y quedar sometido a las leyes de la física, permitiendo así su procesamiento por nuestros sentidos. Y al problema que implica entender la realidad en sí debemos sumarle quizá el mayor enigma de todos: la consciencia. Si bien desde ciertas corrientes materialistas suele considerársela un epifenómeno de la actividad cerebral, todavía no existe una explicación definitiva que agote el problema. Las preguntas abiertas y anomalías en este campo siguen siendo numerosas y, ya sea que hablemos de experiencias cercanas a la muerte, experiencias extracorpóreas, estados precognitivos o estados místicos inducidos por psicodélicos, muchos interpretan estos fenómenos como indicios de una posible cualidad no local de la consciencia, es decir, una dimensión que parecería exceder las coordenadas ordinarias del espacio y el tiempo. Las propias interpretaciones realizadas sobre ciertos fenómenos de la física cuántica han puesto sobre la mesa el potencial rol de la observación en el pasaje desde estados probabilísticos a estados definidos, el llamado “efecto observador”, en esta línea el psicofisiólogo mexicano Jacobo Grinberg estudió estos problemas mediante su teoría sintérgica, aunque esta haya sido fuertemente rechazada por gran parte del campo científico.
En la línea de lo mencionado anteriormente, existen sustancias capaces de alterar el régimen sensorial de tal modo que pueden favorecer una metanoia, es decir, una transformación interior del ánimo y de la manera de estar en el mundo, motivo por el cual han sido históricamente vinculadas al contacto con lo sagrado. A partir de este precepto Wasson y diversos investigadores de estas sustancias establecen el neologismo de "Enteógeno" (trascendente o beatífico estado de comunión con las deidades) en (dentro), theos (Dios), genos (sustancia). Este es el caracter que siento que le corresponden por eso hablo de "re-sacralización".
No digo con esto que toda experiencia enteogénica sea automáticamente sagrada, terapéutica o verdadera, ni que la experiencia individual pruebe doctrinas. Tampoco niego riesgos o experiencias negativas. Mi punto es más acotado: que reducir el fenómeno únicamente a un "flash irreal" me parece insuficiente frente al enorme cuerpo antropológico, histórico, filosófico y cientifico que existe sobre el tema.
Y leyendo cosas como: “esto no es mi juicio moral ni ‘mi verdad’: es lo que se conoce sobre cómo estas sustancias modifican la percepción”, o remarcar reiteradamente qué cosas son “reales” y cuáles no, me da la impresión de que estás dando por hecho que en el campo científico o psicológico todas estas cuestiones ya se encuentran plenamente estudiadas y resueltas, pero eso simplemente no es así. A mí me fascina la ciencia, pero los problemas que enfrenta para explicar muchos aspectos del fenómeno de la consciencia son cada vez mayores. Preguntarse qué es “real” es una pregunta filosófica básica, y uno de los supuestos presentes en gran parte de estas interpretaciones es el llamado “realismo ingenuo”: creer que aquello que tocamos o vemos constituye la totalidad de lo real. Sin embargo, lo que vemos son finalmente partículas u ondas de energía electromagnética que estimulan reacciones químicas en los conos y bastones de nuestra retina, solo percibimos una parte limitada de la materia allí donde la luz se refleja, mientras gran parte de la realidad permanece fuera de nuestro acceso perceptivo. De igual forma, nunca tocamos físicamente los objetos en un sentido estricto; cuando sentimos que tocamos algo, esa sensación está mediada por fuerzas repelentes entre los átomos de nuestra piel y los de aquello que tocamos. Ni hablar de que los propios átomos son, en su mayor parte, espacio vacío y, sin embargo, tendemos a vivir nuestra experiencia consciente de vigilia como si fuese la realidad última. Mi punto con esto es marcarte que cualquier percepción que creemos tener de la “realidad” está mediada. Tomo aquí ideas provenientes de Pribram y Bohm y sus modelos holográficos, según los cuales existiría un nivel más profundo de información del cual emerge aquello que luego adquiere estatuto de realidad consensual al poseer masa, volumen y quedar sometido a las leyes de la física, permitiendo así su procesamiento por nuestros sentidos. Y al problema que implica entender la realidad en sí debemos sumarle quizá el mayor enigma de todos: la consciencia. Si bien desde ciertas corrientes materialistas suele considerársela un epifenómeno de la actividad cerebral, todavía no existe una explicación definitiva que agote el problema. Las preguntas abiertas y anomalías en este campo siguen siendo numerosas y, ya sea que hablemos de experiencias cercanas a la muerte, experiencias extracorpóreas, estados precognitivos o estados místicos inducidos por psicodélicos, muchos interpretan estos fenómenos como indicios de una posible cualidad no local de la consciencia, es decir, una dimensión que parecería exceder las coordenadas ordinarias del espacio y el tiempo. Las propias interpretaciones realizadas sobre ciertos fenómenos de la física cuántica han puesto sobre la mesa el potencial rol de la observación en el pasaje desde estados probabilísticos a estados definidos, el llamado “efecto observador”, en esta línea el psicofisiólogo mexicano Jacobo Grinberg estudió estos problemas mediante su teoría sintérgica, aunque esta haya sido fuertemente rechazada por gran parte del campo científico.


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